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Concejalía de Medio Ambiente

Ayuntamiento de Martos

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En el entorno del Quiebrajano 08/05/2010

En el entorno del Quiebrajano. Por las Sierras de Jaén. Lentamente nuestras Rutas de senderismo nos van acercando a entornos próximos a nuestro término municipal. El 21.03.2009 pudimos encontrarnos con el Quejigo del Amo. El Cañón profundo de Pitillos nos impresionó. Y casi sin querer se nos presenta la Sierra de Jaén, Sierra Sur como un atractivo, una posibilidad. Dejamos nuestro rico paisaje de olivar centenario y descubrimos unos parajes de sierra, pura sierra. Empezamos a realizar unas rutas diferentes. Quizás la palabra "diferente" se familiariza con nosotros y nos anima a seguir descubriendo estos entornos que no por próximos nos son más conocidos. Subimos al Cerro de la Luna, en plena Sierra de Ventisqueros. Desde su cumbre, de 1763 metros, se nos achica en la lejanía nuestra Peña. Desde aquí divisamos y casi trazamos posibles rutas por la Cañada de la Azadilla.

Tengo la suerte de seguir los pasos de Miguel Yeguas. Con él el placer de andar se acrecienta, se multiplica con el goce de descubrir nuevos parajes. Casi sin querer nos hacemos serranos, montañistas. En todo nuestro recorrido permanece como telón de fondo el grupo numeroso de senderistas.

La fuente de la Cañada de las Azadillas se ha preñado de agua. Su diminuto caño se ha multiplicado en las sorprendidas rendijas que arrojan sin consideración otros tantos chorros de agua.

Ascendemos. Es necesario alcanzar la senda. Para empezar la primera pendiente no me gusta, me cansa. La tengo que repetir con mucha mas calma. El sendero empieza a ascender suavemente, muy suavemente. Como puedes ver este es un sendero muy asequible, insiste Miguel. Debe ser un sendero antiguo, transitado. Pequeños muretes de piedra ayudan a consolidar sus trazos. Señales viejas, dañadas por el paso del tiempo nos informan del camino adecuado. Descubrimos en sus señales (blanco y amarillo) que se trata de un Sendero de Pequeño recorrido. Casi sin querer un manto enorme de pinos se pone a nuestros pies, valles profundos y picos próximos nos acompañan. Empezamos a llanear. Nos encontramos en los Llanos de Navalopo, indicadores de una depresión glaciar. La vereda se ha hecho senda transitable para vehículos. A la derecha ascendemos un poco. Nuestra primera parada. El Refugio de la Cruz de la Chimba. 1125 metros. Jaén, su núcleo urbano, la Catedral, el cerro del Castillo alejados y diminutos. Empezamos a sentirnos montañeros. Son sensaciones de conquista. De liberación. El esfuerzo del ascenso nos abandona.

Nueva meta. El Collado del Pocico. Aquí encontraremos la Cresta de Matamulos. Un nuevo sendero nos sumerge en un valle profundo, alterado por los árboles caídos, testigos del invierno pasado. Sendero muy transitado. Pasos alternativos, ya abiertos, nos indican la mejor forma de superar estos obstáculos. Si lo tomamos con tranquilidad puedes comprobar que este sendero es también muy asequible, insiste Miguel consciente de mis posibilidades. Ascendemos. Generoso y amable me pide que yo vaya delante para ir marcando mi ritmo. Los pulmones se ensanchan. Subimos. La cumbre se ve muy próxima. Superamos el último tramo. Llegamos. Impresionante. No sabemos a dónde acudir. El paisaje se ha multiplicado. El Quiebrajano, a rebosar, se nos aparece a nuestros pies. El cañón de Pitillos se ha borrado con el agua. La ladera izquierda de olivos, salpicada de cortijos y roturada por caminos. De frente nuestra conocida Sierra de Ventisqueros. La Sierra de la Pandera, familiar por sus antenas. Al Este Cagasebo y Peñablanca. Comprometedores, al norte, permanecen Grajales. Puerto Alto. Inmensidad de pinos. Y sugerentes los llanos de Palomares. Como buenos montañeros nos liberamos de nuevo y nos animamos a seguir conquistando estas sierras.
 

 

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